El viernes 3 de abril participamos en el webinar “Fake news y desinformación: ¿puede la democracia sobrevivir a las redes sociales?” que impartió José Ignacio Torreblanca, Director de la Oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations. El webinar se enmarcaba en la iniciativa “Las mañanas del Mañana” de DigitalES. A continuación, explicamos algunas de las principales conclusiones de la sesión.

En paralelo a la crisis del coronavirus existe también una crisis de desinformación. Esta crisis es anterior a la pandemia, pero durante estos meses la desinformación también ha jugado un papel importante en la información que recibimos sobre el coronavirus.

Torreblanca expuso diferentes ejemplos de ello y explicó cómo a través de informaciones falsas hay grupos de desinformación que están alimentando una agenda con la que ya contaban antes de la crisis del coronavirus. En su estrategia, es esencial usar medios “legítimos” para difundir su producto, ya que no es suficiente lanzar la información falsa, sino que es más importante tener medios de comunicación “aparentemente” sólidos para poder difundir el contenido.

Además, destacó que los propios ciudadanos podemos ser los vectores de esta desinformación, incluso de forma involuntaria. Este es otro tipo de fenómeno que ya existía y que también se está dando en la crisis del coronavirus. Por ello, aunque cada vez estamos más concienciados, es importante seguir trabajando para que la sociedad sepa distinguir la información veraz y los bulos.

La desinformación que promueven algunos países durante la crisis es evidente. Torreblanca destacó en primer lugar los “gestos altruistas” que estamos viendo en estos días por parte de países como China, Rusia o Cuba. Esto países han activado mecanismos de propaganda para mejorar su imagen durante de la crisis del coronavirus y también lo han hecho desde perfiles institucionales, como las embajadas. Además, destacó el uso de bots para crear una campaña artificial a partir de un gesto solidario y promocionar la imagen de un país concreto. Sin embargo, más allá de la solidaridad, también hemos podido ver estos días campañas de desinformación destinadas a desestabilizar a las potencias occidentales e incluso eludir responsabilidades de malas gestiones. Esta estrategia no se basa en mentir directamente, sino en sembrar la duda y generar desconfianza en las instituciones occidentales.

Todo ello se enmarca en un contexto más grande, ya que la crisis de la información es anterior al coronavirus y se compone de 5 puntos principales: la confusión, los ciudadanos no están seguros de qué es cierto y qué no; el cinismo, en la difusión y cómo interpretamos la información; las burbujas de información, que generan cámaras de eco en las que nos dicen lo que queremos oír; la irresponsabilidad de algunas organizaciones que no rinden cuentas mientras su información se puede tomar como cierta; y, finalmente, la apatía de los ciudadanos.

Esto confluye en que nos encontramos en una crisis de democracia representativa y crisis de medios de comunicación, ya que hay pérdida de confianza por parte de los ciudadanos cada vez más grande. Esto es un campo de cultivo para las fake news y la desinformación. Muestra de ello son los ejemplos de cómo este tipo de estrategias han influido en cuestiones relevantes a nivel global, como las elecciones de EEUU de 2016 o el independentismo catalán, donde agentes externos con una agenda han utilizado la desinformación para influir en ellos.

La crisis del coronavirus es por tanto un campo de batalla más de esta lucha contra la desinformación y las fake news.

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