Lord Palmerston, primer ministro británico, recibió por primera vez un telegrama en su despacho en 1850, su reacción fue exclamar: “»¡Dios mío, este es el fin de la diplomacia!». Podemos asegurar que Lord Palmerston se equivocaba, pero, ¿cuál sería su reacción si viera reuniones de organismos internacionales o conversaciones entre presidentes vía zoom, teams o Skype en medio de una pandemia global?

En cierto modo, Palmerston predijo que la diplomacia iba a sufrir cambios irreversibles y tras esta crisis de la COVID-19 otros cambios llegarán para dar paso al avance de la “diplomacia digital”, con sus retos y oportunidades. La diplomacia digital se ha definido como el uso de Internet y las nuevas tecnologías de comunicación de información para ayudar a alcanzar los objetivos diplomáticos.

La fuerza de una pandemia ha disparado la diplomacia digital

Se han publicado muchos libros y se han celebrado conferencias para discutir esta novedosa forma de diplomacia que ha ido evolucionando desde los albores de Internet. Era un cambio lógico, pero que, como muchos otros, no se acababa de dar. A fin de cuentas, un apretón de manos era la mejor forma de escenificar un acuerdo, pero eso ha cambiado y la transición a lo digital se ha acelerado. Ha sido necesaria la fuerza de una pandemia mundial para que la diplomacia digital haya sido utilizada en su totalidad por diplomáticos de todo el mundo.

Mayor conectividad…

Todo este cambio ha dado a los diplomáticos muchas más herramientas para conectar con otros gobiernos, ciudadanos, empresas, etc. Esto es así desde que Internet apareció en nuestras vidas y ahora más que nunca se ha demostrado la utilidad de la diplomacia digital. Es de esperar que tras la crisis, estas nuevas herramientas que se han empleado lleguen para quedarse en el mundo diplomático.

…y mayores riesgos

Sin embargo, la exposición a riesgos digitales, a desinformación u otros factores que suponen una amenaza también se han visto incrementados. Por ello, el equilibrio en el uso de esta herramienta y ganar experiencia en su gestión es un reto fundamental.

La diferencia entre países

Las posibilidades de conectividad y de realmente explotar el uso de las herramientas digitales no está al alcance de todas las naciones por igual. Las tasas de penetración de Internet, difieren mucho de un país a otro y por ello, la posibilidad de que la diplomacia digital sea una revolución en todos los países va unido a problemas estructurales y de infraestructuras.

¿Se puede sustituir la presencialidad?

Acabamos de ver como Europa ha cerrado uno de los acuerdos económicos más importantes de su historia y todos los líderes europeos han estado presentes en esta cumbre. Nada de Zoom. Choque de codos, conversaciones con mascarilla y reuniones interminables con muchas imágenes en redes sociales. En esta cumbre existe también la diplomacia digital, pero es cierto que parece que, por el momento, la foto de una reunión Zoom no puede sustituir al apretón de manos, o choque de codos en su defecto.

Innovación y tradición deben coexistir

Podemos concluir que, como señala Andrea Sandre en su libro “Digital Diplomacy”,  “innovación y tradición pueden coexistir en política exterior, pero la diplomacia necesita abrirse a nuevas ideas –y mayor colaboración entre los actores en juego– para hacer frente a los nuevos desafíos de la era digital y de un mundo cada vez más complejo e interconectado”.

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