ABC publica hoy un análisis del debate entre los candidatos autonómicos de la Comunidad de Madrid elaborado por Daniel Ureña, de MAS Consulting.
El debate de los candidatos municipales había dejado el listón muy alto. El de anoche fue menos intenso y más aburrido. De hecho, de la hora y media que los candidatos estuvieron en televisión, sólo merecieron la pena los últimos treinta minutos. El formato elegido hizo que el debate naciera muerto y que durante la primera hora produjera momentos de auténtico sopor. El primer cara a cara entre Esperanza Aguirre e Inés Sabanés fue muy gris. El segundo turno será recordado como uno de los momentos más aburridos de la historia de la televisión en España y referirse a él como debate no deja de ser un eufemismo. Por fin, una hora después del inicio, aparecieron Aguirre y Simancas. El socialista se había preparado con esmero, documentándose con gráficos y fotografías. Pero leyó mucho, demasiado, lo que transmitió una imagen de inseguridad, que sumado a su lenguaje enrevesado hizo que resultara poco convincente. En su cierre, innovó al hablar de tú directamente al espectador pero parecía recitar de memoria un guión. Aguirre, por su parte, mejoró mucho en su segunda intervención. Estuvo más tranquila, ingeniosa y cercana, mostrando su sonrisa continuamente y, en ocasiones, riendo sin tapujos al rebatir a Simancas. Pero no fue, ni mucho menos, el mejor de los debates a los que los candidatos nos tienen acostumbrados. Otro formato más abierto, con los tres líderes hablando con mayor libertad, hubiera ofrecido un espectáculo más interesante para los telespectadores. Debates sí, pero no así.









