ABC publica hoy este artículo firmado por Daniel Ureña, de MAS Consulting Group España.
¿Sabes más que un ministro de Economía?
Felipe González decía que más allá de mil duros la gente se pierde. Y eso pasó anoche. Había mucha expectación por ver el enfrentamiento entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro. Pero el resultado fue tremendamente decepcionante. Más que un debate entre los dos aspirantes a la Vicepresidencia, fue un duelo entre dos eruditos en Economía que competían por ver quién tenía la cifra más rebuscada.
Ambos candidatos parecían estar en el paraninfo de la facultad de Económicas y no en un plató de televisión, en «prime time», y compitiendo con «Supervivientes» y los partidos del Villareal y el Getafe en la UEFA. Habrá que revisar las cifras de audiencia para ver hasta qué hora aguantaron ayer los espectadores escuchando conceptos como «indicador sintético de actividad», «diferencial fiscal en los carburantes» o «sistema de capitalización». Las protagonistas de la noche no fueron los ciudadanos, sino las cifras, las noticias de la prensa salmón y las fuentes consultadas por cada candidato. Ninguno tuvo la habilidad de bajar su discurso a la calle. No hablaron para la gente, sino para ellos.
Falta de ejemplos
Y en televisión, los políticos no deben tratar de convencer a su contrincante, sino que han de conectar y llegar a cada una de las personas que están en el salón de su casa. Lo más complicado para un político es saber utilizar un lenguaje inteligible para el ciudadano medio. Por eso, se echó en falta el uso de ejemplos, de historias y de anécdotas, que son la clave para captar la atención del oyente. Pizarro desaprovechó una gran oportunidad para conectar con todos aquellos españoles que ven cómo suben sus hipotecas, el precio del pincho de tortilla o el del litro de leche, pero no su nómina. Guste o no, la gente de a pie vota por estas cuestiones, pero no por hablar del gas o del carbón. El único conato de debate político fue cuando Pizarro recordó el coste de la remodelación del famoso piso del Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que fue recogido por Pedro Solbes, pero que sorprendentemente no fue rematado por el candidato popular, que lo tenía muy fácil al haber cuestionado el vicepresidente segundo que 200.000 euros no eran para tanto.
Los dos candidatos estuvieron demasiado pendientes de sus apuntes. Estuvieron esclavizados a sus notas y sus atriles, lo que no ayudó mucho a despertar interés. Sobre todo, el ministro de Economía releía y escribía una y otra vez sin prestar, aparentemente, atención a su contrincante, lo que no transmitía una sensación muy agradable. Por su parte, el candidato del PP leyó mucho, demasiado, lo que sorprende por la espontaneidad y frescura de la que ha dado muestras en las últimas semanas. Entre las cosas que la mayoría de los espectadores recordará serán la buena calidad de la impresora de Solbes, su problema ocular, el origen turolense de Pizarro y que, para muchos, la economía es algo muy aburrido o, incluso, una tortura.
Y lo mejor de la noche fue que tanto el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como el líder del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, pudieron contemplar cómo no deben ser los debates políticos en televisión, por el bien de los votantes.
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