La sección británica de la revista online PRWeek publica la primera de una serie periódica de encuestas que realizarán en colaboración con la americana PoliticsHome sobre la popularidad de 50 marcas, 50 de las empresas más importantes en el Reino Unido y en el mundo, elegidas por el equipo editorial de ambas publicaciones, entre la clase política británica.
¿Qué marcas tienen mejor reputación entre los trabajadores de Westminster, el barrio londinense que alberga las principales sedes de gobierno del país?
La posición que ocupe una marca en el ranking personal de los políticos puede ser irrelevante, o vital: en ocasiones puede significar simplemente simpatía, y en ocasiones puede favorecer las políticas en una dirección u otra . Y los motivos por los que una marca se encuentre más arriba o más abajo en la tabla pueden ser igualmente irrelevantes, o fruto de una esforzada campaña de relaciones públicas y lobbying…o una sabia comunicación de ambas.
Marks & Spencer
La cadena de tiendas británica encabeza la lista de favoritos de los políticos, en particular en el segmento femenino. El buen servicio y la calidad de estos grandes almacenes explican buena parte de su popularidad, pero no hay que olvidar que M&S es una empresa potente en Responsabilidad Social Corporativa. Recientemente presentaron un plan de 200 millones de libras, con el nombre Plan A, para desarrollar un programa de cinco años de comercio justo.
RBS y BAA
Marcas como el banco Royal Bank of Scotland y la tabacalera British American Tobacco sufren las consecuencias, en primer lugar, de una mala gestión o una predisposición negativa. Pero también son víctimas de las campañas, a menudo mejor intencionadas que diseñadas, de ONG’s que protestan contra sus actividades. Sólo un trabajo eficaz en campañas de comunicación y sensibilización del público puede con la sutil erosión del trabajo a pie de calle de los voluntarios, que siempre tendrán a su favor el poder de convicción de la cercanía.
La posición de Google en el ranking debe ser un ejemplo de un trabajo excelente de relaciones públicas, lobbying y buen servicio…contra viento y marea.
Según se iba consolidando su posición en el mercado y en el acervo cultural de la gente, a Google le empezaron a crecer los enanos. Precisamente desde Internet es de donde la empresa de Mountain View ha recibido las mayores críticas en unos frentes de batalla que son, además, parte vital de muchas agendas políticas. La privacidad en el uso de internet, las prácticas monopolísticas, los derechos intelectuales (en sus difíciles relaciones con la prensa, o en el masivo proyecto de digitalización de libros) e, incluso, el cambio climático (cuando alguien calculó la cantidad de CO2 que emitía cada búsqueda en Google). Su connivencia con la censura en China le valió numerosas críticas, e incluso surgieron voces discordantes cuando se anunció la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación.
Incluso, su todopoderoso algoritmo de búsqueda parece ser el objetivo prioritario, y la prensa y los bloggers no paran de buscar un motivo para titular «el buscador que derrocará a Google»
Google ha sutituido a Microsoft como blanco de críticas, y afronta una época en la que tendrá que compaginar sus perpetuas aspiraciones de innovación con una tarea ardua de comunicación para evitar malentendidos.











