De una manera fragmentaria y transversal hemos hablado de esto en media docena (o docena y media) de posts. El ROI es un concepto empresarial que responde a las siglas Return Of Investment, retorno de inversión: es el cálculo de los beneficios que reportará una acción en la que se invierte dinero (por ejemplo, al compra de un equipo).

Cuando las cosas se miden en dinero, las cosas se simplifican. Si por una inversión de 1 obtenemos 2, está claro que salimos beneficiados. ¿Pero qué pasa si las magnitudes que se manejan no se pueden medir? ¿Qué pasa si no se le puede poner un precio a la inversión ni al retorno?

Es lo que ocurre en internet. Mientras los viejos modelos económicos buscan -y por ahora no encuentran- una manera de hacer rentable la presencia en internet, el retorno de inversión en web se valora, más que medirse.

Todos los políticos que se plantean la posibilidad de incrementar su presencia web, ya sea a través de un blog, una cuenta de Facebook, o Twitter como parte de su comunicación profesional o institucional piensan de alguna manera en este retorno de inversión. Pero es difícil hacer un asesoramiento estratégico clásico cuando lo invertido es tiempo, y no se sabe cuánto, y lo recibido es algo que es difícil comprender hasta que no se está dentro.

El retorno de inversión (ROI) de la implicación de un político online se podría resumir de esta manera:

  • Reputación. Internet ha promovido el fenómeno de la descentralización, de la desintermediación. Un espacio que abre las puertas para conocer de una manera más íntima y cercana a la persona. Lanzarse a internet es una decisión atrevida y valiente. Supone exponerse al escrutinio de los ciudadanos digitales, y someterse a las normas de internet, que exigen escuchar para ser escuchado. Además, internet demanda implicación para poder hacer un buen trabajo. El político que se lance a aprender y adoptar las normas no escritas de internet contará inmediatamente con el respeto de una comunidad que es capaz de dejar de lado -a veces; a menudo- la ideología para valorar el esfuerzo.
  • Oportunidad. La oportunidad es la conveniencia del momento y el lugar. Los medios sociales -blogs, Facebook, Twitter- son una moda que el tiempo dirá si es pasajera, pero que a día de hoy mueven conciencias. Conectan y movilizan a las personas de una manera más profunda de lo que ningún medio de comunicación ha sido capaz recientemente. Mientras la tendencia siga al alza, y parece que eso durará todavía unos cuantos años, una buena implicación en la web supone la oportunidad para vencer y convencer.
  • Investigación. El político tendría entre sus manos un think tank propio, gracias a la conversación generada en la web 2.0. La presencia online se convierte en un foro donde las opiniones de los ciudadanos a veces son despiadadas, a veces implacables, a menudo una gratísima recompensa, pero siempre interesantes. Los medios sociales son un banco inagotable de ideas que se mueren por ser escuchadas.
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