Hoy Daniel Ureña, de MAS Consulting España, publica este artículo en el dominical del ABC sobre la figura de Ted Kennedy, que fue ayer enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington.

De profesión, político

El 28 de enero de 2008 Barack Obama dio un paso clave en su camino hacia la Casa Blanca al recibir el respaldo del clan Kennedy. En un acto en la American University, en Washington, D.C., Edward Kennedy, junto a su sobrina Caroline, daban su apoyo al joven senador que se se atrevió a retar a los todopoderosos Clinton. Obama pretendía conectar su candidatura con el magnetismo y la tradición de la familia de JFK. Y Ted, el hermano del fallecido presidente, era el símbolo viviente de todo ello, el heredero de la dinastía que ha marcado el ultimo medio siglo de la historia de Estados Unidos.

Ted Kennedy se alejó del estereotipo de politico americano que primero se hace rico en la empresa privada y luego entra en politica para dar rienda suelta a su vocación de servicio público durante unos años. Nació en el seno de una de las familias más ricas del país y desde niño fue educado, junto a sus hermanos, para las más altas exigencias de la vida pública. Llevó siempre sobre sus hombros la responsabilidad y el peso de su apellido al tiempo que su pasión por la política, que le tuvo ocupado como senador desde 1962, ganándose el apodo de “el león” y convirtiéndole en todo un icono de la política americana.  Además, en 1980 coqueteó con la idea de ser presidente y retó sin éxito a Jimmy Carter para lograr la nominación demócrata para unas elecciones que supusieron tanto el comienzo de la era Reagan como de su etapa más laureada como senador.

A pesar de ser el máximo exponente del ala más liberal del Partido Demócrata, Ted Kennedy siempre fue reconocido por sus esfuerzos para entenderse con la bancada republicana para sacar adelante aquellas leyes en las que creía, especialmente en asuntos relacionados con los derechos civiles, educación y sanidad. Si se analizara la paternidad de las principales leyes en estos campos aprobadas por el Senado en las últimas décadas encontraríamos en gran parte de ellas el sello del último jefe del clan Kennedy. En estos días de homenajes, biografías y obituarios, su muerte ha puesto de acuerdo a republicanos y demócratas para recordar su figura, prueba de que los buenos políticos son aquellos capaces de sumar fuerzas con sus adversarios en busca del bien común. Por todo ello, su muerte cierra un capítulo crucial de la historia reciente de Estados Unidos.

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