El semanario británico The Economist publica esta semana un artículo sobre la pujanza del sector demográfico hispano en la política norteamericana. Contradiciendo a los agoreros que temieron una invasión latina en EEUU, y el temor al choque de civilizaciones, The Economist destaca la implicación del colectivo hispano en la política de su país adoptivo. Mexicanos, cubanos, puetorriqueños de segunda o tercera generación empiezan a ocupar puestos relevantes en gobiernos y administraciones públicas, hasta el punto de que, como señala Arturo Vargas, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Cargos Electos Latinos, desde que Sonia Sotomayor fue elegida juez del Tribunal Supremo, «sólo hay un despacho que se nos escapa, y es oval».

Algunas de las afirmaciones más interesantes del artículo:
– La latinización es el fenómeno demográfico más interesante de EEUU. Su rápido crecimiento podría convertir a los niños blancos en minoría para 2021.
– Su crecimiento se traduce ya en un elevado número de cargos públicos.
– El colectivo latino, disgregado en comunidades, está siendo paulatinamente consciente de su poder conjunto. Ya influyó en los resultados electorales de 2008.
– El artículo plantea también una interesante reflexión sobre la futura influencia política del sector hispano. ¿Cómo son los votantes latinos? ¿Cómo serán? Este ejercicio de videncia es una de las tareas pendientes de los políticos, y sus conclusiones son extrapolables a cualquier país con una presencia latina importante. El colectivo latino no encaja en ninguna de las categorías clásicas del votante de izquierdas o derechas. Si bien han tendido tradicionalmente a apoyar a los partidos del ala izquierda (como el Partido Demócrata en las elecciones de 2008), el votante hispano arquetípico es una persona con una identidad muy ligada a valores tradicionales, feudo conocido de la derecha. A muchos hispanos les separa del voto republicano la política educativa o de impuestos, así como, evidentemente, la de inmigración.









