Ayer se celebraron elecciones en Massachussets.  Tras la muerte de Ted Kennedy, sus vecinos acudían a las urnas para elegir quién ocupará su asiento vacante en el Senado. Durante 47 años los ciudadanos del estado habían votado al Partido Demócrata convirtiéndolo en el santuario de los Kennedy, pero algo cambió ayer.  No sólo estaba en juego la titularidad de un escaño, sino el futuro político de la Administración Obama. En las elecciones de 2008 los demócratas obtuvieron una victoria que le garantizaba una cómoda mayoría en el Senado para poder aprobar las leyes impulsadas desde la Casa Blanca. Pero la victoria de Scott Brown, un candidato republicano que hace pocas semanas estaba 30 puntos por debajo en las encuestas, ha hecho historia. Enfrente tenía a Martha Coakley, la candidata de Obama para heredar el escaño de Ted Kennedy, y a la que ha superado por cinco puntos, 52%-47%.

Para los republicanos supone una victoria de grandes proporciones. Aparte del  valor de recuperar un estado símbólico para los demócratas como Massachussets, porque en tan sólo un año, con un partido descabezado,  han sido capaces de poner contra las cuerdas al todopoderoso Presidente Obama justo el día del aniversario de su toma de posesión. Tras las victorias republicanas en New Jersey, Virginia y ahora en Massachussets todo indica que las próximas elecciones “mid-term” en noviembre  en las que se renovará buena parte de las dos cámaras, serán una prueba de fuego para la reelección de Obama en 2012, algo impensable hace un año. Hasta hoy.

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