En su famosa obra Propaganda (1928), el gurú de las relaciones públicas Edward Bernays reservó el capítulo central a la propaganda y el liderazgo político

Su tesis: la propaganda (liberando el término de sus connotaciones negativas y asumiéndola como una realidad existente y necesaria en democracia) es el medio que deben utilizar los grandes políticos para moldear la mente colectiva y aplicar el programa por el que fueron elegidos.

Edward Bernays y la portada de la edición española de "Porpaganda"
Edward Bernays y la portada de la edición española de "Propaganda"

Las relaciones públicas se convertían así en un instrumento “más útil y fundamental para la administración democrática que para cosechar votos”.

Las ideas de Bernays cobran plena actualidad cuando se reflexiona acerca del proceso que ha llevado a la aprobación hace apenas dos días de la ley que pone en marcha la reforma sanitaria en Estados Unidos.  El debate en torno a esta reforma ha sido una dura batalla de ideas y valores, pero también ha sido una verdadera batalla propagandística. Las cifras que lo demuestran son astronómicas: ya en noviembre de 2009, impulsores y detractores de la reforma se habían gastado 166 millones de dólares en publicidad y 396 millones en lobbying.

Por su parte, el presidente Barack Obama, principal impulsor de la reforma, tuvo que realizar esfuerzos extraordinarios para convencer al pueblo americano de sus beneficios, algo que ha conseguido sólo en parte (la victoria total aún no está del todo asegurada). En agosto de 2009 celebró varios town hall meetings en los que intentó defenderse de los fuertes ataques recibidos, principalmente desde el bando republicano, y la guerra de mensajes llegó a tal extremo que anunció que no concedería entrevistas a la conservadora Fox News hasta, al menos, 2010. Eso sin contar con innumerables reuniones con congresistas y senadores, ruedas de prensa, artículos de opinión…

¿Qué pensaría Bernays al ver la maquinaria propagandística puesta en marcha para la ocasión? Posiblemente se sentiría orgulloso.

Obama firma la ley de reforma sanitaria
Obama firma la ley de reforma sanitaria

“Si un político es un verdadero líder será capaz de liderar al pueblo mediante el uso habilidoso de la propaganda”, afirma el autor en su libro. El liderazgo de Obama ha quedado de sobra demostrado. Sin embargo, su capacidad para convencer, para “moldear la mente de los votantes” ha quedado en entredicho, pues un alto porcentaje de la población no ha sido convencida. ¿Cómo puede ocurrir esto tras el hábil esfuerzo de relaciones públicas realizado? Seguramente porque existe una circunstancia que Bernays no previó: ¿Qué haces cuando te enfrentas a una parte de la opinión pública (respaldada por empresas y lobbies, o viceversa) con una  maquinaria propagandística tan potente como la tuya?

Las ideas de Bernays quedan perfectamente ejemplificadas en la figura de Obama, pero quedan también invalidadas ante un proceso tan apasionante como el que hemos vivido en el último año; lo cual es alentador, porque nos demuestra que los ciudadanos, independientemente de lobbies y otros actores poderosos y por muy buen propagandista que sea el político, siguen teniendo algo que decir. La figura del “dictador” en democracia defendida por Bernays se diluye y surge un panorama en el que la sociedad civil es cada vez más activa y nos obliga a volver a la esencia de la democracia, que no es ni mucho menos la propaganda, sino el debate.