Las campañas electorales son un fenómeno incomprendido. Se trata de periodos breves de sprint comunicativo en el que los candidatos, y los partidos detrás de los candidatos, tienen que hacer llegar su punto de vista al electorado.

Quince días no dan para mucho más. Dan para crear una imagen de confianza, para ofrecer una filosofía, una manera de afrontar los problemas venideros. No da tiempo de presentar con detalle un programa electoral, fijar en piedra un calendario de actividades, ni ofrecer soluciones concretas a los problemas más acuciantes, sino de presentarse como la persona con la misma percepción del rumbo necesario que el votante.

Pero el primer paso, el primero de todos, consiste en detectar esos problemas. Quien sea el mejor a la hora de definir los problemas que más preocupan a los votantes tendrá una ventaja clara de salida.

La teoría del framing de George Lakoff respalda esta tesis. A menudo es el tema de campaña el que definirá un resultado, en función del marco semántico, emocional y de conocimiento que rodee a ese tema. La derecha es, en el acervo cultural, la tendencia más hábil económicamente, y la izquierda la de los derechos sociales. Cualquier asunto que se debata en términos de economía tenderá a favorecer a los partidos más conservadores, mientras que los enfoques sociales benefician a sus rivales.

El bloguero del New York Times, Nate Silver, de Five Thirty Eight, ha realizado un análisis de los temas de campaña que muestran en sus web los candidatos republicanos y demócratas de los 33 distritos con un resultado electoral más impredecible.


Independientemente de cuáles son esos temas de campaña, lo más interesante del cuadro que dibujan es el hecho de que la puntería de los candidatos demócratas está más perdida que la de sus rivales. Algo que, como otros muchos indicios de la actualidad americana, señala que los republicanos en Estados Unidos tienen una idea más clara y más contundente del rumbo que quieren para el país.