Quedan dos días para las elecciones presidenciales brasileñas y la pregunta que flota en el aire no es ‘quién ganará’ sino si Dilma será capaz de obtener el número suficiente de votos para evitar una segunda ronda.

A la candidata, farolillo rojo en las encuestas de marzo de 2009, le acompaña ya el epíteto de primera mujer presidenta de Brasil, y los analistas internacionales (como David Rothkopf para la revista Foreign Policy) se preguntan ya cómo será el Brasil de Dilma – o el Brasil post-Lula-.

Lula y Dilma

Pero con respecto a la pregunta de si habrá segunda vuelta cabe tener en cuenta el ‘Efecto Bandwagon’.

Como señala David Rothkopf, “si uno de los secretos del éxito en cualquier trabajo es escoger al predecesor adecuado, entonces Dilma Rouseff puede que esté empezando con mal pie”. Dilma hereda un país con unas altísimas expectativas, y hereda también la imagen de un presidente muy popular. Su propia candidatura, a fuerza de barrer en las encuestas, tiene una inercia aparentemente imparable.

El Efecto Bandwagon recibe muchos nombres como efecto de arrastre, efecto del carro ganador, y a veces se lo califica como puro oportunismo. Hace referencia al estado de ánimo, habitual en procesos electorales, de que todo está decidido. El empuje de una candidatura que se percibe como ganadora tiene un doble efecto: el positivo, el mensaje de éxito que transmite y que atraerá el voto de indecisos. Pero por otra parte, el Efecto Bandwagon puede suponer que las bases menos activas se tranquilicen y no acudan a las urnas a ratificar su apoyo.

¿Obtendrá Dilma los votos suficientes para evitar una segunda ronda?