Virginia Ródenas entrevistó a Santos Ortega con motivo del lanzamiento del Postgrado de Dirección de Asuntos Públicos, el primer programa formativo sobre lobbying en España.

Hacer lobby es tráfico de influencias o una actividad legítima?
El problema en España y en los países mediterráneos es que tradicionalmente y por desinformación se ha asociado el lobby, una actividad de origen anglosajón, al tráfico de influencias, que sí es corrupción. Esta confusión es una de las razones de organizar este curso: dar formación específica para que la gente conozca y entienda una actividad que para la Comisión Europea no solo es legítima sino necesaria en el engranaje democrático.

Entonces, ¿qué es exactamente hacer lobby?
Representar intereses, dirigidos hacia el entorno legislativo, o sea hacia los políticos que hacen las leyes, pero también mediante las relaciones institucionales ante las administraciones o la opinión publica, sobre todo a través de ese nuevo escaparate que es internet, que te permite llegar a un montón de gente.

¿Las armas de un «lobbista»?
La más importante, la palabra. Hemos pasado de la lucha de clases a la lucha de frases. A un lobbista le tienen que gustar mucho la actualidad, la política, las humanidades en general, y debe tener habilidad para usar los argumentos que te dan un cliente o tu empresa, si eres responsable de relaciones institucionales, para persuadir a los públicos a los que te diriges.

Todo un arte.
Efectivamente. Por eso en el posgrado se instruye en oratoria, redacción de discursos, conocimientos generales de investigación, planificación y fórmulas para ilustrar sobre los intangibles, que cada vez tienen más peso en el mundo empresarial, porque ya no se trata solo de la cuenta de resultados, sino de la responsabilidad corporativa.

Según opensecrets.org, la inversión en lobby durante 2009 fue de 3.490 millones de dólares en EE.UU. ¿Un grupo de presión sin dinero no es nada?
No me gusta el término «grupo de presión» porque evoca a gente agarrando por la solapa para convencer, y hablamos del uso de argumentos y de dar la información que muchas veces el político no tiene. Póngase en el caso de nuestros diputados, que deben legislar sobre asuntos de los que no tienen por qué tener formación específica, y necesitan que especialistas les argumenten a favor y en contra. Por eso no es una cuestión tanto de dinero como de mensajes.

¿Veremos en España «lobbistas» merodeando al estilo americano por los pasillos del Congreso?
Ya los vemos, solo que de manera no tan pública ni tan conocida. Asociaciones profesionales y todo tipo de organizaciones necesitan que llegue su visión. Pero no hacerlo con la suficiente transparencia provoca especulaciones que acaban transmitiendo esa imagen negativa de la que hablábamos.

¿Cuántos y por cuánto hacen lobby aquí?
Se calculan unos ingresos de más de cien millones de euros al año y un millar de profesionales. Las cifras más claras son las de la Comisión Europea, que tiene un registro de grupos de interés con 3.000 organizaciones, donde hay desde sindicatos agrarios a consultoras o todo tipo de organizaciones que en un momento dado tienen que representar intereses ante los políticos europeos.

¿La sospecha, pues, tiene los días contados?
Confiemos en que a partir de este posgrado, y cuando los medios de comunicación lo conozcan, empecemos a normalizar la situación en España. Espero que para la próxima legislatura se vean avances.

¿Quiénes serán los maestros en estas lides?
Tenemos a un jefe de gabinete de un ex presidente del Gobierno de España, a otro de uno de los bancos más importantes, asesores de vicepresidentes o de protocolo de la Casa Real, del mundo de la Defensa, ecologistas «lobbistas» en Bruselas, secretarios de Estado para explicar el funcionamiento de nuestras administraciones, tan complejo por las autonomías…

Desde el CNI han mostrado gran interés.
Porque esto interesa a todo el mundo, a todos los que deben tratar con aspectos de la diplomacia corporativa. Habrá clases relacionadas con la seguridad y la defensa impartidas por miembros de ese centro.

Aire fresco en la política
Santos Ortega (Madrid, 1976), premio Rising Star 2010, se formó en Comunicación y Estudios Internacionales (Saint Louis University). Como consultor de telegenia ha preparado a cientos de portavoces políticos y líderes de partidos en Iberoamérica. Dirige el Departamento de Asuntos Públicos de Mas Consulting España, que en enero impartirá en Icade el primer posgrado de Dirección de Asuntos Públicos (asuntospublicos.es). «Desde que eres delegado de curso en el colegio, ya tienes que representar intereses. Organizarnos para hacer llegar nuestras demandas al legislador moderniza el Estado de Derecho y profundiza la democracia»