Un discurso es una pieza escrita destinada a ser leída por un portavoz en un lugar determinado, frente a una audiencia determinada. Esto no es una definición, sino una introducción a las variables que entran en juego en un discurso. Y ‘variables’, a menudo, es otra manera de decir ‘las cosas que pueden ir mal’.

El buen discurso político no sólo se escribe. La logografía o redacción de discursos es una disciplina compleja y completa, pero sólo a través de la escritura no se cierra el círculo de la formación del mensaje político. La escenografía y la interpretación son las dos siguientes variables en la lista, pero hay muchas más, y compiten en importancia.

Recordemos el síndrome del foso de orquesta, según lo enunciaba el autor que acuñó el término, Roger Ailes:

Un político sube a un escenario. Desglosa de manera efectiva un programa político completo.
Adereza la exposición con ejemplos emotivos, arranca aplausos del público, y risas y murmullos.
Es el turno de su rival.
En el tramo de escaleras que lo separa del atril, tropieza y cae en el foso de la orquesta.

¿Con qué abrirían los periódicos al día siguiente?

Obama en su meteórica carrera siempre ha destacado por manejar la oratoria y la escenografía política. Pero eso no le hace inmune al síndrome del foso de orquesta. Durante su discurso ante los alumnos de un colegio de secundaria, su presencia y su mensaje quedan eclipsados por un improvisado protagonista del encuadre. Como dice el blogger de Los Angeles Times, Jimmy Orr, en su post,»después de un rato, Obama empieza a sonarles como un adulto en Charlie Brown: wah, wah, wah…»

Tampoco George Bush, que se manejaba con pericia frente al público, con su estilo cercano, se salvó de perder la batalla por la atención frente a un niño somnoliento.

Pretender controlar todos los elementos es tan fútil como intentar cambiar la meteorología,  pero un buen trabajo de comunicación política pasa por preparar lo predecible. Casos como este demuestran que el ruido en la comunicación puede erosionar gravemente la construcción de un mensaje político. La actualidad política está repleta de ejemplos aunque muchos no sean tan evidentes. Las distracciones están a la orden del día, y conviene tenerlas bajo control.

Más publicaciones de NITID
Suscríbete a nuestro boletín

Madrid

Valdesqui, 49
28023 Madrid

+34 91 702 47 65

Bruselas

Rue Belliard, 40
1040 Bruselas

+32 (2) 786 3408

También puedes encontrarnos en:

2026 © NITID Corporate Affairs | Aviso Legal | Utilización de Cookies |

NITID
Resumen de privacidad

Este sitio web utiliza cookies y/o tecnologías similares que almacenan y recuperan información cuando navegas. En general, estas tecnologías pueden servir para finalidades muy diversas, como, por ejemplo, reconocerte como usuario, obtener información sobre tus hábitos de navegación, o personalizar la forma en que se muestra el contenido. Los usos concretos que hacemos de estas tecnologías se describen a continuación.